NUESTRO CONCEPTO DE CALIDAD ACADÉMICA
El concepto de calidad aplicado a la educación, presenta un carácter complejo por la amplitud y variedad de elementos que en ella intervienen. En general, la calidad se define como un conjunto de propiedades que diferencian alguna cosa de otra de su mismo género, en el sentido de ser mejores o peores; es decir, implica un juicio de valor que diferencia. Acudimos a la etimología de la palabra “cualitas” de origen latino, que asume la calidad como una manera de ser que se manifiesta en la forma como las cosas se realizan a sí mismas. En este sentido, la calidad nos remite a un proceso vital que se da a través de ese proyecto en el cual las cosas actualizan sus potencialidades; es decir, se realizan. La calidad es proceso vital y es fundamentalmente realización en la práctica de un proyecto, de algo que quiere hacerse a sí mismo, como lo que cabalmente quiere ser. Partimos entonces de la pregunta: ¿Qué es lo que la educación quiere ser? Digámoslo desde nuestro punto de vista: la educación pretende ser una acción comunicativa entre sujetos que, siendo poseedores de una historia y de un acervo cultural, buscan reconocerse como tales con una explícita intencionalidad normativa y sobre la base de una concepción del desarrollo humano. La educación es entonces acción humana dinámica, compleja, multidimensional e interactiva, y como tal, no es fácilmente explicable en sus causalidades ni se agota fácilmente en la medición o descripción de sus aspectos más visibles. Si entendemos la educación como una acción humana y comunicativa, dirigida a propósitos de desarrollo humano, sabremos entonces que la reflexión sobre su calidad no podrá agotarse solamente en la medición de sus productos o la evaluación de sus recursos; sino que se orientará a un esfuerzo de comprensión de sentido, de interpretación de sus procesos y finalidades, y de discusión sobre los valores que le están implícitos. Por ello, nuestro concepto de calidad contempla asimismo hablar concretamente de calidad institucional. Esta se relaciona con la capacidad de una institución de movilizar y desplegar un conjunto de procedimientos, gestiones, sujetos y recursos hacia la realización cabal de un proyecto educativo. Todo lo anterior implica que los juicios sobre calidad de la educación deben recoger, estimar, evaluar, y valorar los recursos, talentos, procesos y productos objetivos que la hacen posible, sin pretender que se agote en ninguno de ellos, o en la suma de toda reflexión sobre la calidad. Esta reflexión debe partir del establecimiento de las pistas y claves específicas que puedan indicar que un proyecto educativo está siendo fiel a sí mismo y que puede además confrontar sus argumentos con éxito frente a otras experiencias y proyectos educativos. Para ello, se establecen un conjunto de indicadores como herramientas, instrumentos o medios para el reconocimiento de las características de calidad y nunca como herramienta final y definitiva. Un modelo de evaluación de la calidad que asuma la complejidad de los procesos educativos debe centrarse en las características y apoyarse en los indicadores, y no al contrario. En este marco de ideas y conceptos, se expresan nuestras prácticas de calidad académica como parte de un proceso dinámico, complejo, que convoca esfuerzo y talento humano; que congrega intenciones, intereses, y valores; que moviliza procesos, recursos y que proyecta el sueño de sociedad que tiene la Universidad del Norte. El fin de estas prácticas siempre será iluminar nuestras decisiones y acciones cotidianas y estratégicas para alcanzar los propósitos de nuestro proyecto educativo. |